Maderas duras bien selladas
Roble, haya o teca, secas y certificadas, brindan rigidez, presencia y calidez. Sella con poliuretano al agua o aceite marino en capas finas, lijando suave entre manos para proteger contra vapor, granos de café y salpicaduras. Refuerza uniones con colas resistentes a la humedad y esquineros internos. Evita nudos cerca de tornillos que puedan abrirse. Añade fieltros en la parte trasera para permitir circulación de aire. Un buen sellado mantiene el marco recto, previene hongos y prolonga la belleza de la veta durante años intensos de servicio.